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La mujer que nació tres veces de Sandra Frid Reseña por Natalia Castrejón


Entre desnudos, poesías, gatos, pinturas, placeres y el mar vivió Nahui Olin, una mujer mexicana que decidió cómo vivir  y con quién compartirse afectiva y sexualmente durante el siglo pasado. Con sus ojos verdes memorables, esta mujer inteligente, vivió un México posterior a la Revolución Mexicana: empolvado y manejado por hombres. Esta es una reseña de La mujer que nació tres veces, novela de Sandra Frid editada por Planeta y publicada en 2019, que permite imbuirse en la vida de aquella mujer enigmática y rebelde cuyas creaciones artísticas fueron menospreciadas. 


A través de 246 páginas, Sandra Frid, narra de la niñez a la vejez de Nahui, en todas estas etapas Olinescas es constante la audacia y desenfreno cubierto de libertad. Gocé con Nahui sus encuentros sexuales, admiré su determinación para presentarse sin ropa, sufrí la pérdida de su vida anhelada en la calma del mar, con su capitán, y cuestioné sus formas inusuales, la cuestioné a ella. Ahora comparto un poco de lo que se puede encontrar en el libro histórico - biográfico complementado con la imaginación de Sandra Frid.  

De niña, María del Carmen Mondragón Valseca [1894 - 1978], nombre que le fue asignado a Nahui cuando era una bebé, aprendió sobre danza, teatro y literatura en un colegio en Francia. Vivió ahí parte de su niñez porque su adinerado, militar y adorado padre, Manuel Mondragón, buscó el exilio tras ser partícipe del derrocamiento de Francisco I. Madero, entonces presidente mexicano (1913).  

Carmen disfrutaba cabalgar desnuda y esto aunado a otros comportamientos le causó tremendos pleitos con su madre. Cuando la joven rondaba los veinte años, su mamá creía que aquella hija desobediente ya se estaba quedando para vestir santos, pero Carmen conoció a Manuel Rodríguez Lozano y logró, tras pedírselo a su padre, que aquel galán se convirtiera en su esposo. Sin embargo su marido no la quería, ni deseaba; le era infiel. 


En 1921, esta fémina dejó de ser Carmen y se convirtió en Nahui Olin (con una sola ele). Su pareja de ese entonces, el Dr. Atl. (Gerardo Murillo, pintor, vulcanólogo, activista mexicano, entre otras cosas) la bautizó así. Atl, del náhuatl, significa agua y Nahui Ollin: Cuatro curso o movimiento o Cuatro curso del sol. Un hombre de agua, una mujer de sol, ambos en movimiento siempre. La intensa y artística relación que mantuvieron estos seres, con 18 años de diferencia (Atl era el mayor), duró cinco años aproximadamente. En ese lapso de tiempo compartieron desnudos, creación y encierros como castigo (he aquí uno de mis cuestionamientos para Nahui, ¿por qué dejaba que pasara esto?) en el Exconvento de la Merced, ubicado en la Ciudad de México.  


Nahui convivió con personas destacadas del ámbito artístico mexicano, María Izquierdo, Tina Modotti, Diego Rivera, José Vasconcelos, entre otros. Con ellos compartió amistad, ideas y creaciones. Olin se mantuvo gracias a las obras pictóricas que vendía, publicó poemarios, también fue maestra de pintura. Esta artista participó en la lucha por el voto y el acceso a la educación para las mujeres en México. 

La tercera vida de Nahui implicó a su capitán Eugenio Agacino. Ambos habían decidido compartir su futuro en la inmensidad del mar, pero él murió de manera ridícula, se intoxicó al comer mariscos … sufrí junto a la mujer de sol, y le tuve rencor por ahogarse en esa pérdida. A la vez imagino el desplome que experimentó y la compadezco; agradezco que sus gatos y otras mascotas la hayan acompañado y hayan compartido con ella amor claro.