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Lo logré: escuchar a Beach House en vivo



Por Natalia Castrejón - 12 de mayo 2018. 
Entre los doce y trece años conocí, gracias a mi iniciador musical (mi querido Juan) a Beach House. En 2010 se me presentó la oportunidad de verlos tocar su Teen Dream de notas dulces y nubosas en el Lunario del Auditorio Nacional: no sucedió.

Su música me ha acompañado en la adolescencia preparatoril, en la época bi-universitaria ; como parte de la esencia que les he construido tienen recuerdos boyantes, llenos de sesiones musicales de canto profundo y mimos imborrables.  

Hasta el año pasado la posibilidad de verles en vivo resultaba exigua, improbable.  En febrero del 2018 supe que estarían en México, que tendrían nuevo disco; casi impulsivamente hice la compra del boleto de entrada y fue así como este 11 de mayo más que verles, les escuché. 

La presentación inició en torno a las 21:45, lo supe por los sonidos inherentes (muchos playeros) de la banda, que me resultan tan familiares y que se propagaron en el Auditorio Blackberry en cuyas paredes podían verse proyectadas de vez en vez sombras y en su techo de madera había focos que parecían ser parte del cielo. 

Los fondos del escenario me hicieron pensar que el color rojo se ve así en Marte y en un mar de estrellas movible. Las luces dieron un acompañamiento especial; hubo blancos destellos, deslumbrantes y pausados, de esos que me encantan porque parece que detienen el tiempo, que lo distorsionan. Las luces expansivas me hicieron sentir el rosa. En otros momentos hubo luminosidad arcoíris y líneas simétricamente proyectadas.

 

Victoria Legrand y Alex Scally, duo que da vida a Beach House, saludaron y agradecieron en español al público; entre las sombras del iluminado escenario visualicé el cabello alaciado de Victoria que estaba enfundada en una chamarra de cuero, problemente, sintético. Vi los platillos brillantes de la batería de Scally que generaban esos sonidos calmosos que me encantan. 

Sentí el piso retumbar y noté como la voz andrógina de la cantante estaba potenciada y a ratos sonaba más profunda que en sus discos.

Mis expectativas se cubrieron pues presencié auditivamente Lemon Glow (del más reciente disco "7"), Master of None y Space Song; está última canción seguida de 10 Mile Stereo resonaron profundo en mí, activaron mis recuerdos; fue una coincidencia que las tocaran juntas.

Por su parte Lazuli trajo a cuenta mi primera vez en el museo Tamayo en que una de las piezas de la exposición "Una casa más pequeña" de Lucy Skaer llevaba el mismo nombre. La frase wild in our ways contenida en Wild me hizo sentido y me hizo recordar el mar de Jalisco.

[Aquí pueden encontrar algunas grabaciones que hice en el concierto: https://goo.gl/GBzmrU]

Al ritmo calmado de la música, bailes sutiles y ondulados con las manos afloraron. Algunos saltaban, otros bailaban, movían suavemente la cabeza.

En muchos momentos cerré los ojos para adentrarme en la música, en esa sonoridad que no encuentro palabras para describir.

 Lo disfruté, lo disfruté mucho. 


¿NOTAS?

- ¿ir a conciertos?: S Í . 

- Definitivamente Master of none, de Beach House, es mi principal recomendación musical (por ahora). El sonido expuesto del segundo 0 al  40 compensa mi falta de palabras para describir por qué me gustan. 


- Antes de que iniciara el concierto, escuché dos o tres canciones de la banda Big big love, me gustó su también sonido playero y hasta cósmico. Los escucharé y les invito a que lo hagan. 

- Las música puede quedar asociada a personas, a momentos en particular. Cuéntenme personas lectoras, ¿qué canciones/bandas/grupos musicales les recuerdan qué o a quien? 

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